Las mujeres de mi vida






Querida abuela Gelina,

¡Cuánto disfrute a tu lado y cuánto me enseñaste! Mi nombre es Sara y en esta primera entrada de mi blog me gustaría hablar de una GRAN mujer, una luchadora incansable y sobre todo una mujer con un corazón enorme. Como pasa con muchas otras cosas, en los recuerdos de lo perdido es en los que encontramos todo eso que aprendimos, y Evangelina tenía mucho que enseñarle al mundo. Quizá no fuera una mujer conocida en el mundo entero, pero es recordada con una sonrisa por todas aquellas personas que tuvieron la suerte de compartir camino con ella.

Evangelina fue una madre coraje. Luchó día a día porque a sus 2 hijas y a sus 6 hijos nunca les faltara de nada. Trabajó la tierra y el ganado con orgullo y lo hizo siempre con una sonrisa en la boca. Esa sonrisa y sentido del humor carácteristico son de las cualidades que más admiro en ella. En estos tiempos en los que la queja está a la orden del día y la ilusión muchas veces brilla por su ausencia, la recuerdo como una de las mujeres con más ganas de vivir que he conocido nunca; ¡vaya si conseguía contagiar esa ilusión a toda la que se cruzaba con ella!

Por su edad y origen humilde no tuvo la suerte de poder estudiar todo lo que le hubiera gustado, pero le enorgullecía que sus hijos/as pudieran hacerlo y nunca dejó de acompañarlos y animarlos a progresas hasta el fin de sus días. Había muchas cosas de esta sociedad tan "moderna", como la llama ella, que no entendía, pero nunca dejó el respeto de lado, el respeto infinito por las personas. Esto me lleva a recordar otra de sus grandes virtudes: la disposición y la solidaridad. Además de sacar adelante a su familia, nunca le cerraba la puerta a un vecino/a o amigo/a que necesitara ayuda. Jamás olvidaré cuando mi padre me contaba orgulloso que además de a sus hijos/as, había amamantado y sacado adelante a más de un bebe del pueblo al que su madre no podía alimentar.

Disfrutaba de las cosas simples de la vida. Un pequeño paseo junto a una amiga, una charla amable con algún vecino/a o los largos veranos en los que disfrutaba de la compañía de sus nietos/as eran para ella un regalo.

En definitiva, Evangelina era una mujer muy sencilla en apariencia, de esas a las que no les gusta el lujo ni la importancia, pero que sin quererlo ni imaginarlo fue y seguirá siendo (como muchas otras mujeres anónimas) símbolo de la lucha de la mujer real.

¡Gracias por tanto abuela!



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